En la balanza de la interpretación musical, si lo que se pone en un plato es inteligencia, sensibilidad y trabajo, el otro plato, el de la calidad artística, se dispara hacia las alturas. A Sokolov le pesa la materia gris, que se le desparrama hasta las manos; le pesa la sensibilidad, transformando en delicada orfebrería de notas un mineral noble y latente; le pesa un trabajo continuo que obtiene su liberación en frutos alegres, confiados y seguros de vivir. No necesita psicólogo, no, la música que hace el de San Petersburgo. Y el que la comparte sólo tiene que dejarse llevar con los sentidos y la razón abiertos para disfrutar.
En su última visita a Valencia el pianista ruso estuvo de nuevo colosal. Ofreció todo un muestrario de cómo resolver cada problema técnico con un sentido musical inefable. Mucho tuvo que ver en ello otra cuestión…
Comentarios