Llevar a cabo una buena de representación de Rigoletto hoy en día se nos antoja un asunto muy espinoso: la ópera más oscura de la a veces llamada "Trilogía popular de Verdi" —seguida en cuanto a truculencia muy de cerca por Il Trovatore— requiere, es bien sabido, voces de primer orden —material y técnicamente— y temperamentos generosos y arrebatados. Bien sin las hechuras de antaño, esto existe hoy en día, aunque podemos pensar que sólo los grandes teatros pueden permitirse unos cantantes que no desmerezcan ante la innegable inspiración de la partitura.
Un teatro periférico —no sólo geográficamente— como es el Calderón de la Barca de Valladolid, así, apuesta fuerte. Para ello ha reunido un más que aceptable elenco de artistas bajo la dirección de Elisabetta Brusa en la escena y el maestro Giuseppe Mega en el foso. El resultado es positivo…
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