Me imagino que, desde allí donde ahora se encuentre, Dmitri Shostacovich (1906-1975) debe estar observando las celebraciones de su centenario con cierto azoramiento: que el mundo entero -con permiso de Mozart- esté literalmente volcado en festejos y conciertos para homenajearle, debe causar no poca perplejidad a este hombre que dejó a la posteridad unos pentagramas inequívocamente resueltos, pero cuya actitud pública -al menos en apariencia- siempre fue tímida. No me extrañaría que aún hoy siguiera leyendo con avidez los periódicos, temiendo que algún funcionario encuentre algo reprobable en su impresionante corpus sinfónico.
Por lo mismo, no me cabe la menor duda de que se habrá sentido enormemente satisfecho con el recuerdo que esta noche ha tenido para él la Real Filharmonía de Galicia. Cuando compuso la música para La Nueva Babilonia,…
Comentarios