Tres obras singulares, históricamente intercomunicadas, constituyeron el programa de esta nueva visita del Cuarteto de Tokio. Es interesante anotar que tanto Debussy, como Ravel, solamente compusieron un cuarteto de cuerdas cada uno, y Franck un solo quinteto con piano. Y no obstante, se trata -sin duda alguna- de tres obras maestras, y -casi, casi- uno se atrevería a afirmar que si hubieran compuesto otra obra del género, difícilmente hubieran podido superar aquellas. De modo que, desde el punto de vista de la música que íbamos a escuchar, la satisfacción estaba asegurada de antemano, más aún contando con intérpretes de la valía y veteranía del cuarteto y del pianista.
Y no quedamos defraudados. Como siempre, el Cuarteto de Tokio lució su técnica superior, a través de una afinación perfecta, un juego impresionante con matices dinámicos,…
Comentarios