Resulta un tanto pintoresco contemplar un Steinway sobre una tarima dispuesta en el transepto de una iglesia del dieciocho bajo la trompetería de un órgano, y a su vez, a un personaje como Dietrich Henschel con su figura esbelta y su rostro, de expresividad resaltada por luces cenitales. Esta fue la puesta en escena y el escenario que albergó al séptimo de los conciertos de la Semana de Música Religiosa de Cuenca, de nivel musical bien alto y de marcados y variopintos contrastes, propiciados por un espacio como el que brinda la ciudad manchega.
El de Dietrich Henschel y Michael Schäfer fue un concierto extraordinario del que los propios intérpretes salieron muy satisfechos. Desde la elección del programa, pasando por supuesto por la interpretación, el espacio y un público silencioso y entregado, todo fue sublime. El repertorio elegido…
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