A pesar de todo lo escrito y dicho, no acabo de tener claro qué pensar acerca de Merce Cunningham, lo cual no es sino la prueba de la absoluta vigencia de su obra. El coreógrafo americano es, sin duda, la paradoja que contiene todas las claves tanto de lo que sucedió antes de él como de lo que tiene lugar en nuestros días. Y, como buena paradoja que es, en ella se dan cita toda una serie de contradicciones que resultan fundamentales para entender el paisaje de la danza de nuestro siglo. Lo inquietante es que dichas contradicciones son sistemáticamente eludidas por la crítica que, desde una postura formalista recalcitrante donde las haya, se ha limitado a desactivar el problema convirtiendo a Cunningham en la culminación del proceso de purificación lingüística moderna. Nadie habla de su movimiento animal, de esas finísimas pieles que…
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