Aunque El lago de los cisnes se estrenó por primera vez en 1877 y posteriormente tuvo diferentes versiones, la que ha permanecido, y referente de todas las producciones posteriores, ha sido la de Marius Petipa, de 1895. De origen francés, Petipa llega a Rusia en 1847, para trabajar como coreógrafo en los Teatros Imperiales, y su reinado se extiende a lo largo de toda la segunda mitad del siglo XIX: sirvió bajo cuatro zares y ocho directores; creó 57 ballets, las danzas de 36 producciones de ópera y realizó 17 reposiciones, aunque sólo seis perviven en escena.
Apunta Lincoln Kirstein que la época romántica aporta al mundo un símbolo universal del ballet: el tutú romántico, las puntas y las alas de la Sylphide; pero otro tanto se puede decir del tutú de plato, los brazos ondulantes y el tocado de plumas de los cisnes, emblema de la danza…
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