Durante las temporadas 2002-2003 y 2003-2004 la Real Filharmonía de Galicia cursó su doctorado beethoveniano, tocando respectivamente las integrales de las sinfonías y de los conciertos para piano. El Cuarto concierto, sin embargo, no se interpretó cuando estaba programado porque aquel infausto día una reata de fanáticos asesinó a doscientas personas en Madrid, y el concierto quedó pospuesto sine die. Hasta esta noche, cuando en principio habría que decir que la espera valió la pena. Pero no fue así.
Y no lo fue porque, reconociendo como reconozco en Elisabeth Leonskaja a una pianista notable (a las dos propinas que regaló me remito), me parece que Beethoven no es lo suyo: a la georgiana le pudo la pasión por encima de la seriedad y su lectura resultó exagerada en carácter y, por ende, confusa en lo sonoro. Claro que Maximino Zumalave…
Comentarios