El número del pasado mes de febrero de la revista Gramophone dedicaba su portada a Mariss Jansons bajo el título de “el mago”. El apelativo le va como anillo al dedo, especialmente al contemplar la foto de la portada en la que el director letón aparece con su batuta en una postura que recuerda el momento en el que un prestidigitador formula un encantamiento. Como es bien sabido, para Jansons los instantes previos al comienzo de una obra son determinantes. Se afana por crear el ambiente idóneo para la interpretación y para ello se coloca frente a su orquesta, batuta en alto, buscando la mirada de complicidad necesaria para galvanizar el sonido de varias decenas de músicos con un gesto amplio y pausado. Sin embargo, su mirada no es la de un autócrata, como la que debió conocer durante su etapa como asistente de Mravinsky, ni tampoco es una…
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