La de esta noche era la tercera visita de Frans Brüggen para dirigir a la Real Filharmonía de Galicia. Lo cual quiere decir dos cosas: por un lado, que Brüggen se encuentra a gusto para trabajar con la orquesta, y que a ésta le agrada tocar con él; por otro –y esto es más importante–, que Brüggen considera la Real Filharmonía como un instrumento de categoría suficiente como para venir a dirigir, y a la vez, que la orquesta es consciente del lujo que le supone dar conciertos con él.
Ciertamente, Brüggen es un maestro de prestigio en el repertorio que comúnmente conocemos como ‘clásico’, y por lo tanto uno de los directores que más y mejores cosas puede enseñar a una orquesta de las características de la Filharmonía. Y la prueba de que ese aprovechamiento se hace con mutua satisfacción es que al final del concierto se bisó el último…
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