Lo de la mitad del aforo deriva de la media aritmética resultante de un 60% de ocupación durante la primera parte del concierto y un 40% en la segunda: ya se sabe que tras la intervención del solista instrumental hay una parte del público que deserta. Eso, unido al hecho de que el concierto se daba en viernes –y no en jueves, como es habitual-, junto con la circunstancia de que hacía una noche preciosa en Santiago –que seguía siendo igual de agradable a la salida del auditorio-, provocó el desolador aspecto de la sala. Al menos resultaba reconfortante constatar que muchos músicos de la Real Filharmonía habían venido a escuchar a sus colegas asturianos.
La Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA), que este mes cumple quince años, se muestra como un conjunto compacto aunque de mimbres discretos: su cuerda tiene cuerpo, pero no…
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