¡Cómo cambian las cosas en apenas cien años! Cuando los hermanos Busch tuvieron la edad aproximada de los jóvenes músicos que interpretaron el presente concierto, su padre los exhibió en la feria de su ciudad natal, Siegen, en Westfalia (Alemania), como si de una atracción circense se tratara. Ni Adolfo, el violinista, ni Hermann, el violonchelista, ni Fritz Busch, el pianista, y posteriormente célebre director de orquesta, podían soñar en esa época con dar un concierto formal a su temprana edad, en un teatro o sala, aún si lo hicieran bien, cosa que no dudo, dada la trayectoria posterior de los tres.
Hoy ya no nos sorprende que tres jóvenes, cuya edad gira en torno a los 20 años, se presenten, sin más, con un programa que ya quisieran poderlo abarcar profesionales de mayor edad con el mismo brío y desparpajo, por lo importante y extenso…
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