En rigor, esta crónica la debería escribir alguien joven, de 20-30 años de edad, y no un octogenario, a quien se le podrá tildar de carcamal, en cuanto a los actuales gustos de moda. Así que expreso desde ya todo mi respeto a esta formación, pero ni me entusiasmaron y aún menos pudieron emocionarme, más bien hubo momentos en que los decibelios que llegaron a mis oídos me hicieron daño. Lo único que deseo es no padecer, como sucede en EEUU de forma alarmantemente progresiva, de atrofia auditiva.
Cuando uno entraba esta vez al auditorio 500 del MNCARS, ya se notaba un cambio substancial en comparación con los conciertos precedentes, del interesante ciclo que está organizando el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea. El escenario tenía un telón de fondo, de color, un armazón especial para múltiples filas de focos en el techo,…
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