No nos debe bastar con la tenue corrección. Con diez años a sus espaldas, la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla debe y puede permitirse exigir bastante más de lo que hasta el momento nos ofrece el -sospechosamente- habitual Christian Badea. Una temporada como la presente; al servicio, entre otras cosas de la elección del que será nuevo director titular, parece que se esté dejando llevar más por la elegancia de una batuta que por las prestaciones que esta, al menos en apariencia, pueda ofrecernos.Y correcta; carente de entusiasmo, nos sonó la archiconocida Quinta Sinfonía de Beethoven. Badea dirigió con su conocida solvencia los cuatro tiempos de la obra; sin emocionarnos nunca, sin descubrirnos nada nuevo y ahogando a una sección de cuerdas que pedía más voluptuosidad y que Badea frenaba irremisíblemente en favor de una sonoridad más…
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