Hace ya bastantes años, la expansión de la afición a la música -o, según casos y casas, la de la moda de asistir a conciertos- trajo la costumbre de celebrar éstos en toda clase de lugares, algunos más o menos apropiados y otros claramente poco satisfactorios e incluso inconvenientes. Buena fue tal costumbre para el crecimiento de la afición en épocas de clara escasez de auditorios de música u ópera. Bueno también su abandono agradecido en localidades que, con el paso del tiempo, se fueron dotando de suficientes salas destinadas a tal fin. Y mala la pertinacia, rayana en la contumacia, con que se mantienen inecesariamente algunos.
La Colegiata de Santa María del Campo de La Coruña es una iglesia románica del siglo XIII, de atractiva belleza por su sobriedad y pureza de líneas. Su fachada principal fue reconstruida en el s. XIX y está…
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