Con el verano a la vuelta de la esquina, quien más quien menos ha hecho el propósito de rebajar unos quilitos a ver si uno logra estar presentable para lucir palmito en la playa. Ya se sabe que no somos nada, y mucho menos en traje de baño. El problema está en que la dictadura de la metrosexualidad, además de provocar la estulticia colectiva –que, al fin y al cabo, es lo de menos-, puede acarrear, cuando no se es capaz de controlar la estilización de la figura, consecuencias perniciosas para la salud.
En música la cuestión es aún más grave, porque la delgadez a toda costa no es una moda veraniega, sino que hay quien la practica todo el año. Pensarán ustedes que me estoy refiriendo a los triperos, y no es así: al fin y al cabo a ellos les resulta de todo punto imposible engordar y se han condenado de por vida a hacer música esquelética, de…
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