Navidad, esa época en la que la magia y el ensueño fluyen fácilmente, momento idóneo para los cuentos... y para ver el nuevo trabajo de Antonio Canales, Cenicienta, que no puede entenderse como un espectáculo convencional, sino como lo que es, un cuento. La obra intenta evocar un mundo de fantasía e irrealidad propio de su género, pero sin perder de vista la raíz flamenca. Es una mezcla explosiva con riesgo de ser incoherente, pero que ha sido resuelta con maestría, dando lugar a un espectáculo de calidad. La incorporación de la música clásica muestra esa intencionalidad: ver una coreografía flamenca sobre El Danubio Azul de Strauss produce tal choque en el espectador, que le obliga a abandonar prejuicios, a dejarse llevar por lo que ve y a sumergirse en un mundo de ensueño. Sólo en este ámbito puede tener sentido una mezcla de…
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