He aquí el típico pastel que hace relamerse a los musicólogos (esos de quienes Otto Klemperer decía que no saben nada de música y sí mucho de ‘ología’): una ópera -o serenata, o cantata escénica, o lo que sea-, con muchos de sus números firmados por Antonio Vivaldi -si son todos, o son menos, y en este caso de quiénes sean los demás es asunto aún sometido a pesquisas-, la autoría de cuyo libreto todavía es un misterio -las estupendas notas del libro del Festival, a cargo de Antón de Santiago, dejan caer, entre otros, el nombre del cardenal Pietro Ottoboni-, y descubierta antes de ayer -año 2002- en el veneciano Conservatorio que lleva el nombre de alguien -Benedetto Marcello- a quien parece ser que Vivaldi no le acababa de caer bien.
A la vista de los nombres de los personajes pensarán ustedes que la cosa va del sacrificio de ‘Andrómeda’…
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