Federico Calabuig Alcalá del Olmo.
Aunque Karl Böhm sea generalmente reconocido como el director del mundo germánico al que se debe gran parte de la recuperación de la ingente obra sinfónica de Wolfgang Amadè Mozart, cabe homenajearlo en mayor medida aún por los resultados de su faceta como director de foso, cuya sabiduría adquirió especialmente mientras fue director de la Opera de Sajonia y manager de la Opera del Estado en Viena, y que restallaron esplendorosamente en las producciones de esta última a partir (1964) de que fuera nombrado el primer Generalmusikdirector austríaco. A él se deben, entre otros, los estrenos en Dresde (ambos en 1938) de Die Schweigsame Frau (La mujer silente) y de Daphne de Richard Strauss, autor por cuya obra nuestro hombre tuvo especial inclinación, con resultados más que notables.
Comentarios