España - Cantabria

Festival de Santander

Estreno con Falla

Roberto Blanco
miércoles, 23 de agosto de 2006
Manuel de Falla © DM Manuel de Falla © DM
Santander, jueves, 10 de agosto de 2006. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Mª Esther Guzmán, guitarra. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Pedro Halffter, director. Manuel de Falla/Cándido Alegría: Montañesa (Paisaje), Nº III de las Cuatro Piezas españolas (transcripción para orquesta de C. Alegría). Joaquín Rodrigo: Concierto de Aranjuez para guitarra y orquesta. Sergei Rachmaninov: Sinfonía nº2 en mi menor, op.27. Aforo: 1800 localidades. Ocupación: 95%
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La primera formación orquestal encargada de abrir el ciclo sinfónico del Festival Internacional de Santander ha sido la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla que, bajo el mando de su actual director titular, Pedro Halffter Caro, comenzó la noche con un estreno: la transcripción para orquesta de 'Montañesa', la tercera de las Cuatro piezas españolas de Manuel de Falla.

Cándido Alegría (Santillana del Mar, 1887-Santander, 1976) es el autor de la orquestación. Formado en la Schola Cantorum de París -ciudad donde conoció a Falla- formó parte de la corriente regionalista del nacionalismo musical español. Se sabe que su trabajo con la obra de Falla gustó al músico gaditano, quien conservaba una copia de esta orquestación en su archivo. Así nos lo descubrió la orquesta sevillana, una orquestación de sonoridades refinadas, muy equilibrada, ligeramente melancólica y evocadora de las atmósferas debussystas.

Decepcionante fue, sin embargo, la continuación, con una versión prescindible del Concierto de Aranjuez de Joaquín Rodrigo. La experimentada guitarrista Mª Esther Guzmán no estuvo muy acertada, con un fraseo casi inaudible y sin llegar a expresar sutilezas ni refinamientos; no logró comunicar al público su criterio interpretativo en una obra tan popular, más aún con los excelentes referentes que todo el mundo guarda en su memoria de este concierto. Halffter, también con acentuada responsabilidad, transitó por la obra como si no le interesase mucho, sin tintas ni calidez, como si le fuese imposible sacar adelante una obra que no por ser muy escuchada deje de ser interesante para el público, y no pudo, o no supo impedir que la propia naturaleza del instrumento solista se perdiera entre el tejido acompañante, por debajo del telón orquestal.

En la segunda parte todo cambió y pudimos escuchar una buena versión de la romántica y un tanto anacrónica Segunda Sinfonía de Sergei Rachmaninov. Desde el ‘Largo’ inicial, que el director madrileño planteó convenientemente retenido, delicado y contundente, expansivo después y rico de planos y matices, se puso de manifiesto la suficiencia de la cuerda, que tocó con primor el ‘Allegro molto’ para llegar al famoso ‘Adagio’ expresado con toda intención y en línea con el total de la sinfonía, muy bien construida, hasta el efectista ‘Allegro vivace’ final, y donde descollaron los buenos solistas de madera y metal que tiene la orquesta.

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