Cuando se llegaba a la platea, unos veinte minutos antes del inicio del espectáculo, todo el cuerpo de baile estaba aún sobre el escenario, en ropa de faena, calentando a las órdenes de una de las maestras de ballet. Con mucha disciplina hicieron los ejercicios que se les pedía. Unos minutos tardaron para cambiarse de ropa y empezó el espectáculo. Tuvieron el buen tino de colocar como telón de fondo una gasa transparente, y así bailaron ante el palacio iluminado y los frondosos árboles y palmeras, como fondo. ¡Mejor imposible! Y -por algún milagro de éstos- la noche era clara y no sopló el implacable mestral de los últimos días (y de los siguientes también). Clima ideal para un espectáculo de gran calidad y belleza. Lleno total: calculo que allí estaban unas 1.200 personas, entre platea y gradas.
La música de Astor Piazzolla sirvió de…
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