Ante la grandeza polifónica, tímbrica y colorística que desarrollan las orquestas en la interpretación de sus obras resulta gratificante, a modo de contrapunto, el disfrutar de conciertos como el que se ha podido escuchar en la sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. Con un mínimo conjunto musical, como es el que forma la voz y el piano, la música, desnuda, se hace más expresión, si cabe, conseguida por unos intérpretes enfrentados a un tipo de repertorio en el que existe poco margen para la falta de concentración y las dudas técnicas. Es así que, ante la aparente sencillez que transmite un conjunto de obras como son las canciones para voz y piano, deben confluir, en su interpretación, una serie de circunstancias que, en muchas ocasiones, no surgen.Desde luego, la velada ofreció muchos aspectos interesantes. El catálogo de canciones que…
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