Primero fue el temor a la soledad en el lento paso por un húmedo conducto. Luego, unas voces confusas al fondo del túnel, la fuerza que nos impulsa hacia arriba y otro pasadizo en el que unas atractivas luces incitaban tanto a continuar como a demorarnos en su contemplación. Al final de esta segunda oquedad, estalló toda la luz, más ruido y una cierta sensación de frío. Suspirando por el sosiego perdido, al fin entramos al lugar donde encontrarnos con la penumbra, la voz… y la palabra: estimulante y dolorosa como un aguijón, como una espuela; o cálida y dulce como la leche tibia. Y la música: que a todo le da forma, redondeándolo, aguzándolo; que lo transforma todo en sentimiento o pensamiento, en placer o dolor, en llanto o sonrisa; o en risa. ¿Por qué no la risa? Tras el temor a lo desconocido y el choque con el exterior, la función…
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