Que no lamentando el festejo, que fue lo que les pasó a unas cuantas docenas de compostelanos que se quedaron fuera de la Catedral sin poder asistir al concierto. Claro, era gratis y encima no había que desplazarse hasta el remoto Auditorio (que está a quince minutos de la Plaza del Obradoiro, caminando in tempo di andantino): así cualquiera. Con que la mitad de esos presuntos aficionados se abonaran a la temporada de la Filharmonía -aunque sólo fuera por la rabia que les debió suponer que les dieran con el Pórtico de la Gloria en las narices- me daba con un canto en los dientes.
En fin, inauguración en la Catedral de Santiago de Compostela del curso 2006/2007 de la Real Filharmonía de Galicia, recién llegada de hacer las Américas. Con el señor alcalde y el señor obispo en primera fila, como debe ser. Y con un director de postín. Y si en…
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