Cuando aún está fresca la tinta de la firma de Kent Nagano (Morro Bay, California, 1951) en el acta de toma de posesión como mandamás musical de la Ópera Estatal de Baviera, el hombre ha cogido a la orquesta del foso del teatro y se ha ido de gira quince días por media Europa con dos exigentes programas: uno Schubert-Mahler, y otro Wagner-Bruckner. Este segundo fue el que -para felicidad de quien escribe- se escogió para el último concierto de su tournée en el Palau de la Música de Barcelona. Y aquí está el primer dato positivo de la noche: a pesar de llevar dos semanas intensísimas de trabajo -con el añadido del agotamiento propio de quien debe dar hoy un concierto en un sitio y mañana en otro y así durante tantos días- ni director ni orquesta dieron muestras de cansancio. Sino todo lo contrario.
Es muy lógico que la espectacular…
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