Gran noche de ópera fue la del siete de octubre, porque, por cambiar un poco la generalidad, las grandes expectativas puestas en esta producción de Ariadne auf Naxos de Strauss no se vieron defraudadas, ni auditiva ni visualmente. No es una ópera fácil desde cualquier punto de vista, ya desde la propia originalidad del fantástico texto de Hofmannsthal, que implica una disposición en el protagonismo de los cantantes inusual, con intervenciones extensas y concentradas, monólogos de creciente intensidad que deben ser muy bien planificados para otorgarles variedad escénica y conseguir todo su efecto dramático. Respecto a la escritura orquestal y vocal de Strauss, pueden agotarse todos los epítetos laudatorios y nos quedaremos cortos. Asistir en directo a semejante derroche de encanto, estilo, creatividad, profundización en todas las…
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