España - Madrid

Un excelente joven cuarteto de cuerdas finlandés

Juan Krakenberger
lunes, 30 de octubre de 2006
Madrid, jueves, 26 de octubre de 2006. Auditorio Nacional. Sala de Cámara. Cuarteto Meta4: Antti Tikkanen y Minna Pensola, violines, Atte Kilpeläinen, viola y Tomas Djupsjöbacka, violoncello. W. A. Mozart, Adagio y Fuga K 546. D. Shostacovich, Cuarteto nº 7 op 108. Anton Webern: Cuarteto op 28. Jorge Fernández Buerra, Bach is the name. L.v.Beethoven, Cuarteto nº 14 op 131. XV Liceo de Cámara. Ciclo 'La Huella de Bach'. Aforo: 99%
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Es una feliz iniciativa incluir un cuarteto joven en cada temporada del Liceo de Cámara. Esta vez le tocó el turno a un cuarteto finlandés, el Meta4. Pero justamente por ser jóvenes, resulta interesante saber más sobre la historia de cada uno de ellos, y no solamente con qué instrumentos tocan, que es lo que nos cuenta el programa de mano. Felizmente existen los buscadores de Internet, y así pude comprobar que todos tienen menos de 30 años (nacieron entre 1978 y 1980), que todos tienen ya una carrera brillante sobre sus espaldas, tanto por sus actuaciones como solistas como haciendo música de cámara, y que el viola recién se incorporó al conjunto hace pocos meses, en junio del año en curso. Esto de por sí es sorprendente, porque el cuarteto tocó con una veteranía fuera de serie. Su manera de encarar la música precisa de la máxima precisión: y la hubo. Una proeza digna de admiración, luego de apenas cinco meses con su nuevo integrante Con razón ganaron ya varios premios. Tocan de pie (salvo el violoncello, sentado sobre una tarima), colocados muy cerca los unos de los otros.

El programa se inició con una obra tardía de Mozart, su Adagio y Fuga en do menor K 546. En rigor se trata de una transcripción para cuerdas del propio Mozart de su Fuga para dos pianos K 426 (1783), que encabezó con un 'Adagio' cinco años más tarde, en 1788. No está del todo claro si la idea del compositor era que lo tocase un cuarteto o una orquesta de cuerdas, el hecho es que la obra se oye poco, y esto se debe a la indudable dificultad técnica que tiene la fuga, una composición de una densidad extraordinaria, que en algunos pasajes suena más bien a música contemporánea, disonancias incluidas. El conjunto Meta4 no podría haber elegido una mejor tarjeta de presentación: su versión fue poco menos que sensacional. El 'Adagio', tocado con criterio historicista, y bastante rápido por cierto, tenía un empuje irresistible, y la fuga, a pesar de la transparencia de todas las voces, sonaba a todo menos a música clásica: Sin alardes, los cuatro finlandeses demostraron un dominio total de la materia y la coda, muy densa por cierto, condujo a un clímax final explosivo. ¡Vaya versión!.

Luego siguió el Séptimo cuarteto de Shostacovich op 108, del año 1960, un ejemplo de síntesis: sus tres movimientos se tocan sin solución de continuidad, y toda la obra dura en torno a quince minutos. Es música instrumental ante todo, e incluye varios pasajes donde los dos violines, o la viola y el violoncello, tocan a dúo. Pudo constatarse así la gran calidad de la única mujer del conjunto, la segundo violín, Minna Pensola, cuyo sonido rivalizó con -y por momentos le ganó la partida- el primarius Antti Tikkanen. Preciosa música, muy bien interpretada.

Siguió el Cuarteto op 28 de Anton Webern, compuesto unos 25 años antes que la obra precedente, pero usando un lenguaje mucho más moderno: aquí se trata ya de música totalmente abstracta, con énfasis sobre sonoridad y estructuras, sin uso de melodías o armonías reconocibles. En este tipo de obra, la transparencia de las voces es importante, como si se tratara de unir encajes hallados al azar para formar una tela alargada. La versión, nuevamente modélica. Se nota que los cuatro miembros del cuarteto están íntimamente familiarizados con esta complicada música y así la pueden tocar con soltura, sin problemas. ¡Notable!

Para terminar la primera parte del concierto, un estreno absoluto: la composición se llama Bach is the name, obra de encargo del Liceo de Cámara a Jorge Fernández Guerra, el actual director del Centro de Difusión de la Música Contemporánea, (CDMC) de Madrid. El compositor explica, en las notas al programa, cual era su propósito al escribir la obra. Se trata, evidentemente, de un homenaje a Bach, sin el propósito de apoyarse en su música. Ignoro si el número de secuencias -seis- tenga algo que ver con los movimientos de una suite, pero me pareció que el sexto trozo tenía la agilidad de una 'Giga' (con cuya danza solían terminar las suites de entonces) Los seis trozos se distinguen por sus diferentes estados anímicos, y el lenguaje es, desde luego, atonal y abstracto. Fue sorprendente cómo los cuatro jóvenes finlandeses pudieron identificarse con esta música: un esfuerzo extraordinario, porque conjuntar este tipo de música es todo menos fácil. El autor, presente en la sala, agradeció los aplausos del público junto con los intérpretes, y estuvo visiblemente satisfecho con la versión que de su obra hizo el cuarteto Meta4.

La segunda parte del concierto estuvo enteramente dedicada a ese monumento de obra que es el Cuarteto nº 14 en do sostenido menor op 131, de Beethoven. Esta obra de madurez, que dura unos 40 minutos, se toca sin pausas entre los movimientos. Apenas unos segundos de respiro antes de iniciar el 'Presto' se permitieron los miembros del cuarteto Meta4: un tour de force de marca mayor. Si a ello se une la enorme concentración con que interpretaron esta obra insigne, no podemos sino expresar nuestra incondicional admiración a un país capaz de producir músicos de la talla de estos cuatro jóvenes. Su manera de encarar esta obra tardía de Beethoven se diferencia, pero mucho, de la que solíamos oír a conjuntos tan famosos como el Budapest String Quartet, el Amadeus String Quartet, o al cuarteto Smetana. El Meta4 no hace ninguna, pero absolutamente ninguna, concesión al público.

Tocan la obra 'al desnudo', tal como la concibió el compositor, con una sonoridad que recuerda a los instrumentos originales: mucha transparencia, lo que implica que las disonancias se oyen con la misma nitidez que las asonancias, y el resultado es absolutamente sorprendente. Porque surge una modernidad que tan solo intuíamos, pero que ahí está: sin duda, Beethoven se había adelantado casi un siglo a la evolución de la música y concibió algo futurístico. Después de escuchar música de Webern, esto encajó de forma sorprendente. Creo que la mayoría de los asistentes nunca se habían imaginado cuan moderno podía ser Beethoven.

Los aplausos fueron cálidos y prolongados. Evidentemente, después de semejante obra no hubiera encajado bien una propina, y no la hubo.

Me pregunto si el cuarteto Meta4 hubiera tenido la misma buena acogida en una sala de mayor aforo, como la Sala Sinfónica. Creo que su manera de tocar requiere una acústica como la que tiene la Sala de Cámara, donde -por lo visto- se encontraron cómodos. Es todo un privilegio poder asistir a un concierto en condiciones ideales, como éstas. Desde luego, una actuación así no se me olvidará en mucho tiempo. La pregunta es, por supuesto: ¿esta manera prístina de hacer música, sin concesiones, será aceptada en todas partes por el gran público? Y ahí entra la protección que Finlandia presta a estos jóvenes músicos, facilitándoles instrumentos de valor, y asegurándoles una carrera profesional.

Hacer cultura sin fines materiales: una loable meta. ¡Y un ejemplo a imitar!

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