El mérito de esta ópera electroacústica consiste en su originalidad. El espectáculo se inicia con la entrada del público a la sala, a la hora anunciada, con el recinto a media luz (hubo que esperar este momento y hacer cola en el foyer). Dos grandes pantallas se hallan ubicadas sobre el escenario, y una pequeña mesa, detrás la cual se sienta Miguel Azguime, el único personaje, vestido de negro. Las pantallas muestran sendos ojos, grandes y Azguime pronuncia palabras sueltas en portugués, un tanto desfiguradas por bastante reverberación acústica. Apenas se pueden entender algunas. A medida que la sala se va llenando, aparecen más ojos: el mismo ojo multiplicado por dos, tres y así sucesivamente hasta nueve, que llenan sendas pantallas.
Luego cambia el tipo de voz, las pantallas quedan vacías, hasta una nueva idea. Enumeraré unas pocas:…
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