No me negarán ustedes que éste es uno de esos programas de los que ‘hacen afición’, según una feliz expresión acuñada hace tiempo, aunque algo caída en desuso, tal vez por el propio desuso en programar conciertos con un cartel semejante. Y si además les cuento que, de propina, sonó la 'Obertura' de Russlán y Liudmila de Mijail Glinka, seguro que se le hace la boca agua a más de uno. Afortunadamente, como recordaba hace unos días aquí Enrique Sacau, hoy se puede volver a proclamar el gusto por Chaicovsqui -y por un programa como el de esta noche- porque quien se retrata es el que denuesta ese gusto.
Tanto más si quien lo sirve es la gloriosa Philharmonia -tercera visita a Barcelona en este año, como en los viejos tiempos-, que si bien hoy no es tan gloriosa como antaño, sigue siendo una orquesta poderosísima, disciplinada y ágil. Su cuerda…
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