¡Al fin solos! Tras un comienzo de temporada triplemente inusual -concierto en la catedral, función de ópera y sesión cinematográfica-, esta noche la Real Filharmonía retomaba su programación ‘ordinaria’ en el Auditorio (subráyense las comillas), con un cartel de ésos que sirven para que la orquesta esté en el podio del sinfonismo español. Claro está, la vuelta a la ‘normalidad’ (vuélvanse a subrayar) conlleva que la asistencia del público merme hasta los niveles habituales. O un poco más, gracias a la presencia de un solista de renombre: particularmente, me entusiasma en estos casos ver en la sala a tantos jovenes con su violín al hombro… aunque desaparezcan en la segunda parte del concierto.
Leonard Bernstein escribió la Serenata para violín, orquesta de cuerda, arpa y percusión en 1954 -por lo que, contrariamente a lo dicho en las…
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