Cada vez que se tocan las Variaciones Goldberg, de Johann Sebastián Bach, queda nuevamente evidente que el cantor de la parroquia de Sto. Tomás de Leipzig -donde las compuso- fue un gigante de la música, con una visión de su arte que aún hoy, tres siglos después, nos sorprende, nos eleva, y logra hacernos olvidar todo lo negativo de este mundo.
Una sencillísima pero entrañable melodía -un ‘Aire’ en un compás lento de ¾ - que se ejecuta al principio y al final de las treinta variaciones, nos lleva desde el primer compás a la contemplación serena de una trascendental belleza. Y luego vienen esas variaciones, ya sea siguiendo el ejemplo ternario del tema pero también a través de excursiones hacia ritmos binarios, que cambian desde climas sosegados hasta pasajes vertiginosos, en un soberbio ejercicio del arte de la variación que ya en su…
Comentarios