Con un discurso apasionado explicó Peter Sellars hace unos meses porqué apodaba su Festival Mozart en Viena y Londres como de “la Esperanza Coronada” (gekrönte Hoffnung) en alusión al nombre de esa logia masónica donde el compositor había encontrado el solaz del ideario de igualdad y fraternidad universal expresado en La flauta mágica. Según Sellars, Mozart era un compositor cuyas obras y su actitud ante la sociedad de su tiempo reflejaba un humanismo que trascendía la dimensión musical para reflejar las aspiraciones hacia un mundo mejor por las cuales era preciso luchar hoy mas que nunca, en medio de guerras, intolerancia, y desigualdades e injusticias de todo tipo. Al escuchar a Sellars reconocí, revitalizado, aquel mensaje mozartiano concebido en la ciudad del muro, al este del campo minado y recordé el momento en que Mozart dejó de…
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