Los cuatro músicos rusos que forman el Cuarteto Kopelmann, todos con veinte años o más de experiencia a sus espaldas, ya nos habían visitado hace dos años, a poco de fundar este cuarteto. Mientras tanto su trabajo de conjunto se ha asentado, lo que confirma una vez más que, por experto y buen instrumentista que sea cada integrante, la sonoridad de un cuarteto de cuerdas precisa un tiempo para asentarse. Tan sólo la coordinación del vibrato -cosa que es imposible planificar o aprender conscientemente- requiere muchísimas horas de trabajo en conjunto.
Confieso que fui al concierto con cierto escepticismo, después de la experiencia de hace dos años, pero esta pronto se disipó. El Cuarteto Kopelman suena ahora con una calidad y delicadeza admirables. Es cierto que tocando música rusa, de Shostacovich y Stravinsky, se hallan en su elemento.…
Comentarios