De todos los ciclos de Lieder de Franz Schubert, quizás Winterreise sea el más intimista y oscuro. La comunicación con el público se complica, puesto que sitúa a los intérpretes ante la dificultad de tener que cultivar una proximidad tal que fomente la familiaridad de trato, y, al mismo tiempo, de proyectar lo suficiente como para que nadie en la sala se sienta excluido de un hipotético "círculo privilegiado" de auditores -de una posible versión moderna de lo que en su día sería una schubertiade-. Christine Schäfer y Eric Schneider extendieron el alcance de su campo de acción hasta el mínimo imprescindible para que esto fuese posible, lo cual obligó a renunciar a una porción de intimidad, y convirtió Winterreise en un museo de emociones. Plazca o no, ésta es la apariencia necesaria bajo la que debe presentarse ante un aforo mediano, como…
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