El antepenúltimo de los conciertos para piano que escribió Mozart, el número 25, cerró la gloriosa serie (una docena) de obras de ese género que el salzburgués compuso entre 1784 y 1786 destinadas a las academias vienesas. Signo de que había perdido el favor del público, en sus cinco años finales de vida Mozart sólo se acercaría a la literatura concertante en otras tres ocasiones: el concierto para clarinete, K. 622, y los dos últimos para piano, números 26 y 27. Demasiado tiempo el transcurrido, quizá, para considerar que los conciertos 25, 26 y 27 conforman una trilogía, tal y como se insinuaba en las notas al programa, habida cuenta que Mozart cuando abordaba un ciclo lo solía hacer concentrando su trabajo en un corto espacio temporal. Además, como me comentaba recientemente un excelente melómano, ¡qué manía esa de identificar las…
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