La gran Viktoria Mullova difícilmente decepciona a todo aquel ducho en el arte de la comparación violinística, profesional o aficionado de oído atento y educado en este campo. No estamos hablando, sin embargo, de una artista que sea capaz de levantar pasiones colectivas, pues ya desde el principio de los conciertos suele aparecer marcando ciertas distancias que quizá no casen bien con lo que algún público, más pendiente de las monerías o el aspecto más simpático o cómplice de los intérpretes que de la calidad artística o técnica de lo que está escuchando, espera. Con esto, no queremos decir que todo aquel que responda fríamente a esta violinista carezca de gusto: las razones pueden ser muchas y muy respetables. Sin embargo, los melómanos vallisoletanos respondieron un tanto parca e injustamente a una actuación que aún debería mantener el…
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