Está claro que el poder de convocatoria de la soprano catalana sigue siendo espectacular, y aún cuando el paso del tiempo haya mermado a una de las voces más importantes de la lírica de todos los tiempos, a Montserrat Caballé se la aplaude y se la quiere por su portentosa carrera, por lo que ha significado para el bel canto, y porque siempre es capaz de dejar asomar, aunque sea fugazmente, algunos instantes de la que han sido sus mejores armas: pianísimos y filados que, aunque hoy sean menos intensos y de menor duración, continúan siendo la marca de la casa. Así lo mostró más con Gounod que con Leoncavallo, pese a que su entrada con 'Malvina' de Donizetti, con problemas de afinación y cierto destemple, hacía presagiar lo peor.Bien arropada por su hija, la también soprano Montserrat Martí, convencieron en sus intervenciones conjuntas con…
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