DVD - Reseñas

De arte erotica

Raúl González Arévalo

viernes, 12 de enero de 2007
Pietro Francesco Cavalli: La Calisto (1651), libreto de Giovanni Faustini. Marcello Lippi (Giove), Hans Peter Kammerer (Mercurio), Maria Bayo (Calisto, Eternità), Graham Pushee (Endimione), Louise Winter (Diana, Destino), Alexander Oliver (Linfea), Dominique Visse (Satirino, Furia), Barry Banks (Pane, Natura), Reinhard Dorn (Silvano), Sonia Theodoridou (Giunone), Robin Tyson (Furia). Concerto Vocale. René Jacobs, director. Herbert Wernicke, director de escena, escenografía, vestuario e iluminación. Dos DVD de 232 minutos de duración. Grabado en directo el 20 de marzo de 1996 en el Théâtre Royal de la Monnaie (Bruselas, Bélgica). Jacques Bourton, realizador. Coedición Harmonia Mundi y Théâtre Royal de la Monnaie. Harmonia Mundi HMD 9909001.02
La decisión de Harmonia Mundi de unirse a la carrera por la conquista del mercado del DVD, el único que de verdad parece no sólo sobrevivir a la crisis que afecta a las discográficas en general, sino incluso despuntar por las nuevas posibilidades que ofrece al melómano, supone un enorme regalo para los amantes de la ópera barroca. La trayectoria de este sello es bien conocida por los amantes de la Música Antigua por su coherencia y la calidad de sus productos, que lejos de saturar el mercado con propuestas inútiles reivindica un puesto por derecho propio. Ahora inaugura su incursión en el mundo del DVD con dos propuestas difíciles de rechazar: el Orfeo monteverdiano que comentaremos próximamente y esta La Calisto de Cavalli.

Quintaesencia de la ópera barroca veneciana, esta obra es fruto de un fenómeno ligado a la ciudad de la laguna: el paso de la ópera de corte al teatro privado. Este cambio influyó de tal modo en el modo de producción que afectó a la concepción del espectáculo, que ahora, lejos de estar destinado a una representación cortesana con una elaborada puesta en escena, debía servir a unos intereses económicos que se alcanzaban logrando el mayor número de representaciones posibles al menor coste, lo que se consiguió suprimiendo la participación del coro (las pocas escenas corales serían asumidas por las voces protagonistas) y reduciendo la composición de la orquesta, hasta el punto que los compositores contemporáneos terminaron por anotar el bajo continuo, dejando la orquestación a las posibilidades de los teatros y los instrumentos disponibles.

Evidentemente, en casos semejantes los problemas de interpretación no son minucias, menos aún si tenemos en cuenta que apenas sobrevive una partitura manuscrita, con anotaciones hechas en los márgenes durante los ensayos, en las cuales se ha basado Jacobs para reconstruir o inventar ex novo las improvisaciones y la composición instrumental, como da buena cuenta en las notas incluidas. Cercano en el tiempo a Monteverdi, del que recoge la cuidada atención al recitativo, Cavalli mira al futuro en la concepción de los números cerrados, más cantabiles.

La trama gira en torno a las metamorfosis eróticas de Júpiter algo que también tratará Offenbach doscientos años más tarde en su Orfeo en los infiernos con unos curiosos puntos de conexión con el Don Giovanni mozartiano: ‘Júpiter’ (‘Don Giovanni’) baja a la tierra acompañado ‘Mercurio’ (su ‘Leporello’ particular) a obtener los favores de ‘Calisto’ (una ‘Donna Anna’ encantada), devota de la diosa ‘Diana’ y a quien acompaña la vieja nodriza ‘Linfea’. Por supuesto, tenemos a la inevitable y despechada ‘Giunone’ (‘Donna Elvira’) y un adolescente, ‘Satirino’ (una especie de ‘Cherubino’ lascivo). Todos ellos representados por un reparto difícilmente superable en el que repiten muchos nombres de la grabación en estudio de dos años antes.

Marcello Lippi, estupendo ‘Giove’, supera la dura prueba que constituye asumir la parte de ‘Giove in Diana’ con voce finta. Frente a quienes prefieren una soprano en este punto, Jacobs ha optado por realzar de modo grotesco la teatralidad del personaje. Hans Peter Kammerer no desmerece como el siempre presente ‘Mercurio’, si bien es inevitable preguntarse qué habría ofrecido un cantante-actor (o al revés…) como Simon Keenlyside, más socarrón en la grabación en estudio.

Para ‘Satirino’ se ha optado por un contratenor en lugar de la prevista mezzosoprano, y la elección de Dominique Visse privilegia la teatralidad, optando descaradamente por poner de relieve la lascivia que reviste el personaje. No menos arriesgado era que un tenor, Barry Banks, cantara la parte de ‘Pane’, un tanto histérico, pero tan conseguido en la caracterización como en la prestación vocal. Dos apuestas plenamente vencidas.

De nuevo un contratenor, Graham Pushee, para el papel de ‘Endimione’, compuesto originalmente para castrado. Me convence más en este DVD que en la grabación en CD, probablemente porque la imagen permite ver la creación completa del personaje. ‘Diana’ está perfectamente encarnada por Louise Winter, que derrocha sentido del humor con la caprichosa diosa. Magnífica la ‘Linfea’ de Alexander Oliver, vieja verde en la tradición de la commedia dell’arte que asignaba los papeles de mujeronas grotescas a actores masculinos, pero no por ello es menos patético y humano en sus necesidades afectivas. Y como la frustrada y vengativa ‘Giunone’ una creíble Sonia Theodoridou, de gran autoridad.

He dejado para el final a Maria Bayo, ‘Calisto’. Exquisita en el canto, con una voz sugerente, mórbida, de línea vocal espléndida, luminosa, el acento es vivo, lleno de inflexiones. Muestra una ninfa sensual, lánguida y doliente, según la evolución del personaje. Toda una creación.

El Concerto Vocale acompaña magníficamente cada momento, asumiendo todo el protagonismo en los escasos y cortos números orquestales, como las distintas chaconas e introducciones, momentos de auténtico placer instrumental. Responsable en última instancia de esta magnífica actuación el Jacobs habitual, de gran instinto teatral, imaginativo, de elecciones arriesgadas pero lícitas. Otra gran oportunidad de comprobar su talento.

El espectáculo de Herbert Wernicke es simplemente glorioso en todos sus aspectos, y el DVD inmortaliza una creación justamente aclamada por media Europa. Hombre de teatro en el pleno sentido de la palabra, ha diseñado una producción completa en la que se cuidan los más mínimos detalles. Se sirve de las posibilidades técnicas actuales pero no como un despliegue inútil de medios sino para recrear un mundo en el que primaba la fascinación que los ‘ingenios’ y las maquinarias causaban en los teatros de la Europa barroca. Así, abundan las trampillas, las falsas puertas y las plataformas que descienden desde el techo, en un alarde de teatralidad desbordante. La caracterización de cada uno de los personajes, remitiéndose a la tradición de los personajes de la commedia dell’arte (y aquí ‘Satirino’ y ‘Linfea’ sean posiblemente los más representativos) es perfecta, y en consonancia con el carácter de la obra y la esencia de los personajes, rezuma sensusalidad y erotismo por los cuatro costados, un verdadero manual De arte erotica barroca.

La edición es bien lujosa, con las notas del propio Jacobs y amplios resúmenes de la intriga en inglés, francés y alemán, lenguas de los subtítulos junto con el holandés y el italiano original (¿y este empeño en olvidarse de nuestra lengua, la de mayor difusión mundial junto con el inglés, dejando de lado las múltiples variantes del chino y el hindú? ¿aprenderán?). La toma de sonido en ocasiones es un tanto distante y recoge un poco de reverberación. La calidad de la imagen es buena y el montaje excelente. Hay además un reportaje de casi una hora de duración en el que los cantantes hablan de sus personajes, Jacobs de la especificidad del teatro in musica de Cavalli y las dificultades de reconstruir la partitura, y Wernicke de la teatralidad de la obra y sus propuestas; todo ello de interés variable, aunque el making of llegue también al vídeo de la música clásica.

En conclusión, una oportunidad espléndida de conocer un espectáculo completo que permite profundizar en el teatro barroco del siglo XVII.

Este DVD ha sido enviado para su recensión por Harmonia Mundi

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