‘¡Que viene Bruckner!’, titulaba –tocando a rebato- el reportaje de un diario regional de Canarias la visita al Festival de la Orquesta Filarmónica de Múnich para interpretar dos sinfonías de Anton Bruckner. Aun así, el público grancanario respondió con una nutrida asistencia en el primero de los conciertos, y con algo más mermada representación en el segundo (según me cuentan, en los días inmediatamente anteriores el respetable tinerfeño hizo más caso del aviso y acudió en mucho menor número a sus respectivas convocatorias), si bien nada más entrar en el auditorio se encontraba con sendos programas de mano en los que nuevamente se le advertía que iba a escuchar sinfonías ‘monumentales, complejas, colosales, grandiosas, inmensas, majestuosas’ (1). Al menos esta vez nadie ha hablado de catedrales: ya es un paso en la buena dirección.Y,…
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