Ute Lemper es de carne y hueso. Podría llevar a engaño su apariencia distante en la prensa, donde se muestra frágil en medio de un mundo agresivo, acosada unas veces y dueña otras, estilizada, vestida de negro para reforzar su singularidad, y haciendo gala de un sabio marketing. Sin embargo, como decimos, es de carne y hueso. De otra manera no podría despertar toda clase de estímulos en nuestro cuerpo de la manera en que lo hace, convirtiendo su canto en experiencia física.
Para lograrlo, Lemper tuvo que salvar el abismo abierto por el impertinente foso de orquesta, que no podía cerrarse porque obligaría a desmontar la escena del Wozzeck representado estos días en el Real. Por la misma razón, Lemper y sus músicos aparecieron ante el diseño escénico preparado para esta ópera. En mi última reseña, sobre el concierto de los Berlin Comedian…
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