Algo ocurre este curso que el Auditorio de Galicia viene registrando una asistencia de público en los conciertos de la temporada de la Real Filharmonía notoriamente superior a la de años anteriores. Y, a la vista de quiénes son esos nuevos asistentes, me alegra constatar que se ha acertado en atraer a los universitarios de la ciudad, es decir, la parte de público cuya ausencia más clamaba al cielo. Por otro lado, esta noche me ha llamado poderosamente la atención la participación activa de ese público, traducida en una atención cómplice, continuada e interesada respecto de lo que sucedía en el escenario; algo que no siempre se da -y menos cuando se ofrece un programa largo-, y que contribuye en buena medida al éxito de la función.
El gallego Eduardo Soutullo (1968) -pariente lejano del gran Reveriano- estrenaba hoy, por encargo de la…
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