Nuevamente nos visita el Cuarteto Hagen, con su sonoridad tan característica, que parte de una afinación cristalina, de pureza insuperable. Por esta razón pueden permitirse tocar muchos pasajes sin vibrato, dejando que vibraciones en simpatía produzcan acordes que suenan mágicos. Esta estética la utilizan, con enorme efecto, tocando música de Haydn. Su Cuarteto en sol mayor op 33 nº 5 es bastante conocido porque destaca sobre todo por su rigor formal, que queda evidente desde las primeras cuatro notas del primer movimiento: la sencillez misma, una escala ascendente, de dominante a tónica. Pero lo que Haydn hace luego con este breve motivo frisa lo milagroso. Ahí asoma la enorme artesanía de Papá Haydn, que vuelve a asombrar, y más aún cuando la versión es tan fiel y tan bien tocada como lo hicieron los Hagen. El dramatismo del ‘Largo e…
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