Se notaba, minutos antes de iniciarse el concierto, una especie de inquietud un tanto especial ante una nueva actuación del Cuarteto Alban Berg, uno de los pocos cuartetos del mundo capaz de provocar emoción entre los oyentes. Y ya se sabe como somos ávidos de vivir algún momento trascendental, de esos donde se te vienen las lágrimas o sientes atragantarte. Pues creo que esas expectativas se cumplieron nuevamente, y en repetidas ocasiones. Y eso pese a que el primarius del cuarteto, Günter Pichler, se vio obligado a aparecer vestido de pantalón de calle oscuro y camisa blanca, porque en el viaje por avión a Madrid le extraviaron su maleta. Para mí, eso redundó netamente en beneficio de los oyentes: pocas veces le he oído tocar con tanta inspiración. Y, de verdad, un smoking o frac, con mangas largas, constituyen un freno para la total…
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