El oratorio Die Schöpfung (La Creación) es una obra particularmente difícil de interpretar, por la variedad de momentos anímicos -que casi son aún afectos barrocos-, y porque su construcción es soportada por grandes arcos estructurales cuya longitud equivale a la de cada una de las tres partes que componen la obra. Este oratorio contiene momentos en los que Haydn pinta las palabras con música, de manera que se ven colores, se huelen y se sienten los hermosos versos de van Swieten. Esto sucede en numerosos pasajes, pero hay uno especialmente notorio por su calidad y su longitud, que es el comienzo de la tercera parte.
Todas estas sutilezas plantean un reto a la orquesta, que supo resolverlo con dignidad, aunque sin brillos. El afamado director Paul McCreesh estuvo poco resuelto. Quizás tenga la fortuna de haber sido mimado por la calidad…
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