Tercera de Schubert y Nuevo Mundo de Dvorák: eso ya no tira de nadie para que salga del despacho y en lugar de irse a casa se tome la molestia de llegarse al Palau. Hombre, tocan los del Concertgebouw: buena orquesta, incluso de las tres o cuatro indiscutiblemente mejores del mundo; pero ya que vienen, ¿por qué no hacen algo más ambicioso? Es que vienen con Mariss Jansons: ah, entonces como si se arrancan por soleares; hay que ir y punto. Además, los precios de las localidades están algo más baratos que si este concierto se inscribiera en alguna de las temporadas regulares de la ciudad: la respuesta, un Palau prácticamente lleno; algo por desgracia cada vez menos habitual.
Ciertamente, Jansons (Riga, 1943) es cualquier cosa menos un director-védette, y sin embargo es de esos músicos cuyo magnetismo con las orquestas y con los públicos es…
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