Un auditorio nuevo; despedir a la mitad de los músicos para reclutar a otros realmente buenos; y a los que se queden, triplicarles el sueldo. Ésas fueron las tres condiciones que en 1997 puso John Neschling (Rio de Janeiro, 1947) para asumir la dirección de la Orquestra Sinfônica do Estado de São Paulo, anteponiéndola a su carrera internacional. Y las tres fueron satisfechas: hoy la Orquesta de San Pablo reside en una magnífica sala de conciertos, la Sala São Paulo (erigida como restauración de la antigua estación de ferrocarril de Sorocabana a cargo del arquitecto Nelson Dupré, y de cuya acústica responde nada menos que Russell Johnson); los músicos que no tocan en el primer equipo lo hacen en otra orquesta creada ad hoc; y los instrumentistas de primera división lucen un sonido y una profesionalidad que no tiene nada que envidiar a…
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