Estudios sociales

  • Estudios sociales

    Música y política en la URSS poststalinista

    “La cultura artística soviética, el arte progresista del mundo entero, ha sufrido una grave pérdida irrecuperable. A la edad de 68 años falleció el gran compositor de nuestro tiempo: Dmitri Dmítrievich Shostakovich, Diputado del Soviet Supremo de la URSS, Héroe del Trabajo Socialista, Artista del Pueblo de la URSS, laureado con el Premio Lenin y los Premios del Estado. Hijo fiel del Partido Comunista, […] el artista y ciudadano Shostakovich dedicó toda su vida al desarrollo de la música soviética, a la glorificación de los ideales del humanismo socialista y del internacionalismo, a la lucha por la Paz y la Amistad entre los pueblos del mundo”.
  • Estudios sociales

    Aires grecos

    En la década de 1880 Ignacio Zuloaga y Santiago Rusiñol compartían estudio en París. El vasco había presentado algunas obras de El Greco al catalán, quedando este fuertemente impresionado por su espiritualidad, su trazo y melancolía. Tanto le marcó, que en 1894 adquirió dos de sus tablas: Las lágrimas de San Pedro y Magdalena penitente con la Cruz. Ambas pinturas fueron trasladadas, en solemne y laica procesión, a Cau Ferrat, una casa-estudio comprada tres años antes en Sitges. Sus portadores y acompañantes pertenecían a la primera línea del modernismo catalán: Ramón Casas, Puig i Cadafalch o Joan Maragall, entre otros. El séquito fue acompañado por una banda de música y los vecinos lanzaban flores a su paso. Al llegar, estos grecos se convirtieron en protagonistas de la tercera fiesta modernista convocada por Rusiñol. La edición anterior estuvo dedicada al simbolismo y contó con la presencia de músicos como Enric Morera y Cesar Frank. El pintor barcelonés fue iniciado en dicho movimi
  • Estudios sociales

    Dirigir despeinándose, V (y fin): los despejados

    Fueron aquellos escogidos que no buscaban su mejor ángulo en el espejo del camerino momentos antes de caminar hasta el podio; ellos no tejieron tapices de narcisismo, ansiedad e impostura, ni se ahuecaron las canas para multiplicar sus rasgos aguileños; cada uno con sus matices, dejaron atrás la pesada carga del cabello y vivieron libres, de espaldas al espejo. No representaron un estereotipo, sino que ejercieron un estilo. Y apenas dejaron herederos, porque de todas las cabelleras posibles -que para un maestro no son tantas-, la calvicie es la única realmente inimitable: la calvicie ni se aprende ni se improvisa. Calvo se nace. Son los despejados. A sus frentes debieran asomarse los que todavía, cabalgando ya el siglo XXI, se fríen el pelo en una tostadora para ser extravagantes (sí, francés: pienso en ti), o quienes cultivan la melena como si cada cabello fuera un alga de piscifactoría: estos son los que no quieren verse en el espejo, sino en el friso de las celebridades. No sabrían
    Joseba Lopezortega 17/01/2014
  • Estudios sociales

    Dirigir despeinándose, IV. Karajan: Narciso y Eco

    Despertar, ducharse y afeitarse de forma meticulosa. Fijar la mirada en el espejo, llevar las manos al cabello y ahuecarlo y moldearlo, observándose. Los ojos que aprecian cada matiz de la propia mirada y siguen cada paso preciso de los dedos moldeando la perfecta melena son acerados, fríos, calculadores. La mirada es la misma con la que un guepardo observaría un grupo de débiles gacelas antes de iniciar su mortífera y espléndida carrera y el contexto, el terrible contexto, el periodo en el que Alemania se convirtió probablemente en el Estado más violento y depredador que haya conocido Europa Occidental en siglos; una sabana a la medida de los grandes felinos. Herbert von Karajan lo fue, y encontró en aquellos años de espacios vitales y oportunidades usurpados y/o construidos a golpe de culata y gas un lugar idóneo en el que cazar e imponer su supremacía portentosa, casi animal, sobre los podios. Mi óptica hacia ese joven Karajan es equiparable, por tanto, a la de Leni Riefensthal en s
    Joseba Lopezortega 10/01/2014
  • Estudios sociales

    Dirigir despeinándose, III: los Cuatro Jinetes, II

    Trude Fleischmann retrató a Furtwaengler en varias ocasiones, entre 1923 y 1930. Los dos primeros retratos que muestro, realizados con dos años de intervalo, son inquietantemente similares: el gran maestro berlinés mira hacia su derecha, y parece asumir con fría disciplina que debe ser retratado. En el tercero, cinco años posterior, Furtwaengler ya mira al frente. Es como si Fleischmann, una prestigiosa retratista -que en 1938 tras la anexión de Austria se exilió, cómo no, a Nueva York, donde retrató a Toscanini-, hubiera ido convenciendo lentamente al maestro para que mirara frontalmente a la cámara. Venciendo recelos. Trasladando una carga pesada, un director-esfinge, del viejo mundo de Beethoven al S. XX. Así era Furtwaengler: aristocrático, distante, preciso, consciente de pertenecer por derecho de cuna a una élite económica y cultural. Muy poco natural y dominado por un asfixiante sentido del compromiso y el deber. El retrato central de los tres de Fleischmann que muestro parece,
    Joseba Lopezortega 07/01/2014