El Espía de Mahler

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    67. Terapia pastoral

    Una quinta justa, acordada entre un fa grave de los violonchelos y el do desnudo de las violas, abre en tu pecho una ventana por la que se asoman a tu interior los violines primeros entonando una melodía que suena a disimulo de niño travieso. Así empieza la única sinfonía de Beethoven que te promete una cura sin dolor: la Pastoral. Durante las dos últimas semanas y bajo la atenta dirección de Edmon Colomer, he suministrado tres dosis de este remedio naturista en otros tantos escenarios comunes de Barcelona.
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    66. Los cómplices del tedio

    El tedio aguarda al acecho para saltar sobre ti en cualquier rincón oscuro de la música que amamos: entre los plieges de partituras desprovistas de alma, en la ausencia de fraseo ordenada por un director sin talento o, más común, en los programas rutinarios de las entidades culturales más reticentes al cambio, las orquestas, caldos de cultivo de este fastidio que dotado de la habilidad de una enfermedad vírica suele apoderarse a menudo con sigilo y buenas maneras de tu cuerpo. Como miembro de una sinfónica, descubrí que soy cómplice de sus fechorías tras leer en el suplemento cultural del diario El País una crónica de J. A. Vela del Campo acerca de Wolf, espectáculo estrenado recientemente en la Trienal del Ruhr, laboratorio artístico donde un visionario, Gerard Mortier, experimenta con una música –la clásica, se entiende- a cuyo contexto le ha abandonado el desodorante.
    Jordi Cos 08/07/2003
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    65. Sosteniendo

    Así llego hoy: sostengo que un concierto no comienza cuando el sonido ordenado se adueña de la escena sino antes, en el preciso instante en que el oyente pone sus pies en el auditorio. La música debe ser el clímax necesario de una experiencia que se inicia en los pasillos de los teatros, y cuyo objetivo final debe ser el mismo que perseguía Kafka en la literatura: la música como hacha que “resquebraje el mar congelado dentro de nosotros mismos”.
    Jordi Cos 24/06/2003
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    64. Perfil de agua

    Cuanto más se acerca la música al silencio más difícil resulta su interpretación. A veces la vida de una partitura pende de un hilo de sonido, tan fino como la crin del arco con el que recorres a menudo su liviana geografía reprimiendo el susto de romperlo que sientes al acecho en la boca de tu estómago. Lo decimos con un idioma que sabe dulce al paladar: pianíssimo. Pero no es suficiente - las palabras nunca lo son -, o acaso esperas que el director lo describa con otras menos precisas, las que sin decir nada lo dicen todo, las que te convierten en el mago que deslumbra a la audiencia a costa de una chistera y un conejo.
    Jordi Cos 10/06/2003
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    63. Olvidar a Mozart

    Una creencia oriental advierte de que instalar en la capilla de nuestro cerebro un altar permanente a la memoria de un muerto, mantiene el espíritu de éste atascado en el centro del túnel que comunica el mundo con su trascendencia, frustrando su reingreso en el ciclo de reencarnaciones.
    Jordi Cos 27/05/2003