Consejo Editorial

Comenzó a escribir en Mundoclasico.com el viernes, 1 de mayo de 1998. En estos 20 años ha escrito 40 artículos.

  • Editorial

    Pasar la página de Boulez

    ¿Puede un solo hombre cambiar el curso de toda una especialidad artística? Seguramente no, pero si alguien ha estado cerca de ostentar un poder semejante, creemos que ese fue Pierre Boulez. Su longeva vida ha retrasado el tipo de juicio que solo se puede ejercer sobre los grandes hombres una vez desaparecen, pero parece innegable que sin su figura, sin su presencia e influencia, la música de la segunda mitad del siglo XX hubiera seguido un camino divergente. Podría tratarse de una desviación mínima, quizá inmensa, pero se nos hace difícil imaginar la vanguardia posterior a la Segunda Guerra Mundial sin Boulez: sin sus radicales planteamientos como compositor, que abrieron la senda a una forma de concebir la creación musical que aún hoy no se ha abandonado; sin sus tratados estéticos, brillantes análisis y furiosos manifiestos, que muestran a un gigante de la dialéctica; sin su personalidad magnética, polo atractor que atrapó a tantos jóvenes compositores y que le confirió la autoridad para juzgar lo que era valioso en música y lo que no; sin su influencia política, que le permitió fundar un centro, el IRCAM, que aceleró decisivamente la evolución de las músicas electrónicas y el uso de computadores; y, en definitiva, sin su inagotable emprendizaje a favor de las nuevas músicas, bien fuera como gestor, impulsor de proyectos, director de orquesta, logista, esteta o protector de nuevos talentos.
    15/01/2016
  • Editorial

    Sobre Mundoclasico.com y el Festival de Alicante

    Informamos a nuestros lectores que a pesar de las gran cantidad de periodistas y críticos presentes en el Festival de Alicante por invitación del Ministerio de Cultura, Mundoclasico.com es el único medio de prensa que, desde hace varios años, publica sistemáticamente, las críticas individualizadas de los conciertos del Festival de Alicante y que está publicando íntegramente los documentos de la llamada "Declaración de Alicante". El acuerdo entre Mundoclasico.com y el Ministerio de Cultura fija que el Ministerio paga exclusivamente los gastos de viaje desde su domicilio hasta Alicante y regreso, y la estancia (en régimen de habitación individual con desayuno) en un hotel de categoría medio-alta en Alicante del corresponsal que decida la dirección de Mundoclasico.com, así como las localidades para todos los conciertos que celebre el Festival. El acuerdo no incluye ninguna comida ni banquete. Mundoclasico.com no ha asistido ni participado en ningún festín de periodistas musicales con el d
    10/10/2007
  • Editorial

    La ópera cuatrocientos años después

    El 24 de febrero de 1607 la corte de Mantua presenció el estreno de L’Orfeo de Striggio y Monteverdi. Por su uso del recitativo y la unidad argumental de este dramma per musica con introducción y cinco actos, la musicología toma L’Orfeo como la primera ópera de la historia del género—si bien Euridice de Peri le disputa la primacía. Lo cierto es que la elección de L’Orfeo como primera ópera es adecuada para nuestros intereses contemporáneos puesto que, a diferencia del título de Peri, sigue interpretándose en nuestros días en los teatros de ópera, continentes que nombran a buena parte de sus contenidos. Cuatrocientos años después, y con todo lo que ha llovido, la ópera goza de buena salud, al menos relativamente. Esto es, la ópera sigue siendo un negocio y atrayendo público. Y esto llama especialmente la atención si contemplamos el panorama general de la música clásica: se cierran orquestas, los auditorios pierden público y las casas discográficas han renunciado a embarcarse en costosas empresas. La ópera en CD también ha sufrido un golpe severo. La mejor prueba de ello es que la grabación de Tristan und Isolde dirigida por Antonio Pappano y con Plácido Domingo como estrella principal que editó EMI en 2005 es probablemente la última ópera grabada en estudio. Y que lo es gracias a que Domingo, sabedor de su incapacidad para cantarla en directo, puso dinero de su bolsillo para que el proyecto saliese adelante. El DVD, sin embargo, está pujando fuerte. Este relativamente nuevo sistema de reproducción digital, que ha dejado trasnochado al VHS, ha permitido a los aficionados a la ópera—y a los que lo son en potencia—un conocimiento extensivo de las distintas formas de producción operística: desde los tradicionales espectáculos del Met, hasta las más arriesgadas producciones alemanas, pasando por los espectáculos de masas, como la muy vendida Turandot en la Ciudad Prohibida de Pekín. El DVD alimenta a quienes no disponen de teatros de ópera cerca de casa, al mismo tiempo que contribuye a la cultura operística de los que tienen la suerte de tenerlos. Como resultado del creciente desinterés de las clases medias—y especialmente medias-bajas—por el género, muchos teatros de ópera han dejado de formar parte del mapa cultural de sus ciudades. Es el caso de muchas ciudades italianas, donde los loggionisti de sus teatros ya no son aquellos románticos; o de Buenos Aires, donde el Teatro Colón, en franca decadencia, no es ya un centro de tertulia y discusión; o incluso en Londres, donde en el Upper Circle de The Royal Opera se ha perdido parte de la camaradería que reinaba hace sólo un par de décadas. Pero como explica magistralmente el historiador de la ópera John Rosselli, la ópera como espectáculo de las clases medias-bajas fue flor de un día. De nuevo, los teatros de ópera buscan desesperadamente la rentabilidad y algunos la logran gracias a las clases medias acomodadas que hacen uso de sus restaurantes, cafés, tiendas y entradas a precios astronómicos. A esto se añaden los patrocinadores privados y los ministerios de cultura. Por poner un ejemplo, una butaca en Covent Garden alcanza las 170 libras esterlinas (aproximadamente 320 dólares americanos y 230 euros). Si a la noche se añade una cena en el restaurante del teatro y una carrera en taxi la factura sube como la espuma. Y aún así, día tras día, el teatro y el restaurante están llenos. Tomarse un refresco en alguno de los tres bares durante el intermedio significa hacer cola. Gracias a los ingresos que producen estos servicios, las entradas baratas, las entradas con las que los estudiantes se enfrentan a un Parsifal de pie, cuestan 7 libras (12 dólares, 10 euros). Por el mismo motivo, Covent Garden presume cada año de pedir menos dinero al estado y el Metropolitan de Nueva York ha reducido la aportación pública a su inmenso presupuesto al 1%. Frente a este modelo anglo-americano, que permite precios astronómicos en las butacas y bajos en los anfiteatros, nos encontramos con el europeo continental, paradójicamente menos social pese a estar más subvencionado. Un ejemplo: en la Opéra Garnier de París los más pudientes ven las óperas por mucho menos dinero (120 euros, 80 libras, 150 dólares) y los que lo son menos asisten por 12 euros (el mismo precio que en Covent Garden). Al final, se beneficia a los más pudientes. No cabe duda de que el modelo anglo-americano funciona mejor que el café para todos de la Europa continental. Y funciona mejor porque en los teatros norteamericanos e ingleses la edad media del público es muy inferior estadísticamente a la europea; y funciona mejor porque cuesta mucho menos al erario público.  Ambos modelos, sin embargo, precisan de la desinteresada generosidad del estado o de los patrocinadores. La paradoja es que la ópera mueve dinero, paga sueldos extraordinarios a los grandes divos, pero a menudo no genera beneficios al propietario último del teatro en que se representa. Quizás deba plantearse, por tanto, una reforma en el modo en que esta empresa cultural se gestiona. Si los grandes nombres de la ópera no generan el dinero que cobran, sus sueldos están obviamente inflados (a diferencia del de futbolistas como Beckham que, independientemente de sus sueldos, resultan rentables a la empresa que los contrata) y las cosas deben cambiar. Mundoclasico.com ha abogado, y aboga de nuevo en este editorial, por una creciente liberalización del mercado musical que, creemos, será saludable para el género que está de cumpleaños. Nosotros lo celebramos con un número monográfico en el que se comenta un DVD de L’Orfeo, se publican varias críticas de ópera y se cuenta con dos colaboraciones especiales. Por un lado, publicamos el artículo El escándalo de la ópera que firma Emanuele Senici, editor de Cambridge Opera Journal, la revista académica sobre ópera más importante del mundo. Y por otro, el artículo que la historiadora de la literatura de la Universidad de Oxford María Liñeira, nueva y entusiasta aficionada a la ópera, ha escrito para la ocasión. A ambos investigadores agradecemos su generosa contribución. Ahora levantamos nuestra copa para brindar por al menos otros cuatrocientos años de vida a uno de los géneros favoritos de los aficionados a la música clásica.
    23/02/2007
  • Editorial

    El 'adecuado decoro' de los auditorios vacíos

    La recomendación del Teatro La Scala de Milán a sus espectadores de que observen el "adecuado decoro" pone una nueva piedra en el camino a los esfuerzos que se están realizando en muchas partes del mundo para que la música en vivo alcance una cantidad de público que garantice su supervivencia, incluso a corto plazo.Según informó recientemente la prensa italiana, el teatro milanés ha instado en un mensaje escrito en sus entradas, a acudir a los espectáculos "con traje y corbata a los hombres y a las mujeres a vestirse con adecuado decoro". Su director artístico, Stéphane Lissner aclara que no obstante "no se expulsará a nadie y sólo se invitará a los espectadores a observar las normas". Algunos observadores han apuntado ya que decisiones de este tipo pueden alejar a cierto tipo de público, en particular a los más jóvenes. Otros, como el director de orquesta Riccardo Chailly aplaudió la iniciativa pues "una sede histórica como La Scala tiene que tener un público que honre el lugar".La cu
    30/01/2007
  • Editorial

    Los programas del Teatro Real y la era que viene

    Ha sido Mundoclasico.com el medio de comunicación que más énfasis ha hecho en la importancia de las notas al programa en los conciertos. A menudo nuestros colaboradores las han mencionado en sus críticas, bien con reproches o con halagos. Creemos que las notas al programa son los textos musicológicos más consultados y como tales tienen una enorme importancia formativa. Éstas llegan al público que asiste a los conciertos, consumidor por tanto de música clásica y potencial comprador de compactos y DVDs. Los programas del Teatro Real de Madrid han sido objeto de nuestras críticas más feroces. Los errores frecuentes, las contradicciones internas, la escasa inteligibilidad de algunos textos y su mínima adecuación a las necesidades del público han sido nuestros principales argumentos. No es este editorial el mejor lugar para repasar la lista de anacolutos que los editores Ángel Carrascosa y Miguel Ángel de las Heras han pasado por alto. Están para ello nuestros archivos. Pero sí es el momen
    14/07/2006