El otro estreno absoluto de la temporada de La Monnaie, último de la era Foccroulle que tanto ha favorecido la creación mundial local, ha sido la adaptación de otra obra de Wedekind, que parece atraer tanto a los compositores. Esta vez la elección ha recaído en la frondosa y tremenda El despertar de la primavera, reducida hasta las dos horas y media por Jacques De Deker (como últimamente, el texto queda en la lengua del original, lo que no estoy seguro que sea una buena fórmula).
La obra tiene momentos buenos musicalmente (el inicio del segundo acto con el soliloquio de ´Hänschen’, un magnífico Angelini, que volverá a aparecer en la penúltima escena, en su conquistada identidad sexual y en un dúo de amor interesante) con otros que se hacen algo pesados por lo reiterado de los recursos utilizados. Lo más destacable es la orquestación y los…
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